Según el diccionario de la Real Academia, responsabilidad es la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Pues con esta definición creo que sería más que suficiente pero, sólo por esta vez, profundizaremos un poco más. La academia establece como premisa que todo sujeto activo, es decir, todos y cada uno sin excepción, en suma, en total, absolutamente, con seguridad, sin limitación, irremediablemente, podemos, ya que tenemos la capacidad, no sólo de reconocer sino también de aceptar las consecuencias de un hecho realizado por nosotros de forma libre. Pues bien, esto, desde mi humilde punto de vista, es ciertamente inexacto. Creo que el primer error de la definición viene en la palabra "todo". Y es que no sólo no son todos, sino que tan sólo un porcentaje ciertamente pequeño de la población es capaz de reconocer y aceptar como propias las consecuencias de sus hechos ya sea por acción o por omisión.
El segundo error lo representa el término "sujeto activo", por supuesto más por lo de activo que por lo de sujeto. Podemos adjudicarle a todos los seres humanos la capacidad de ser sujetos activos, pero no como valor absoluto, sino como capacidad que se desarrolla a lo largo de la vida. Así, es posible que una persona pueda ir progresando, incrementando o creciendo su carácter de sujeto activo a medida que se libera de su carácter de sujeto pasivo, o lo que es lo mismo, deja de percibir que sólo es capaz de recibir las acciones de otros, ya sean estos otros reales, imaginarios, humanos o divinos.
Intentaré aclarar este razonamiento con algunos ejemplos:
- el niño que, tras suspender un examen, alega que el maestro le tiene manía.
- el actor que, olvidando el texto en medio de un monólogo, culpabiliza al director de la obra por vestir de amarillo (¡ay si Molière levantara la cabeza!...).
- el conductor que llega tarde al trabajo por la ineptitud del resto de conductores los días de lluvia.
- el que cree que las palabras de su amigo le han hecho daño.
- el hombre al que diagnostican de una enfermedad terminal y cree que es Dios el que le castiga.
Todos estos sujetos se ven a sí mismos como meras víctimas de una situación sobre la que poco pueden hacer. Ya que han concluido que el destino, la sociedad o los mismísimos dioses son responsables de su situación no hay lugar entre sus planes para convertirse en sujetos activos. Continuarán padeciendo las consecuencias de los actos de los demás sin poder hacer nada más que quejarse, señalar a otros y por supuesto sufrir.
Recuperar el papel activo supone como primer movimiento asumir la responsabilidad de los hechos propios. Aceptar que, en cualquier situación, somos libres para elegir la acción o la inacción, nos devuelve de inmediato la capacidad de ser sujetos que actúan, de poder objetivar nuestros procesos, identificar los errores y modificarlos. Nos permite dejar de ser víctimas. Nos abre las puertas a asumir la responsabilidad de nuestros hechos, de nuestros sentimientos, de nuestros procesos. Nos deja por fin dar "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".