martes, 12 de junio de 2012

Preguntas con polvora

Gloria envía preguntas con pólvora:
¿Y si uno se da cuenta de que, ilusoriamente, se había creído situado en un orden que no era...? ¿Caben aquí los retrocesos? ¿Cuánto duran las transiciones?

Gracias por poner la atención en cómo a veces tendemos a alejarnos de estímulos que erróneamente identificamos como la fuente de nuestras desgracias :)


...y ahora el intento de respuesta:


Señalas una de los puntos que más me atraen de la teoría de Kegan, aunque hay que analizar algunas cosas por separado. 
1. Pasar de un orden de conciencia al siguiente no es algo que se haga "en bloque". Cada dominio transita a un ritmo en función del contexto. Por ejemplo, una persona que vive en pareja vivirá un contexto que le permitirá reflexionar sobre su relación, objetivando aspectos de su manera de construir significado que de otra manera no estarían tan presentes. Es posible que desde el punto de vista cognitivo se pueda alcanzar el cuarto orden y que a la vez se muestren en el dominio interpersonal,o en el intrapersonal, características propias del tercero (seguramente en transición hacia el cuarto)
2. Estoy convencido de que existen las regresiones ante situaciones que nos superan (que nos desbordan). Dice Kegan que a pesar de que esto suceda la evaluación de la situación siempre se realiza desde el mayor orden de conciencia. Creo que esto quiere decir que, si en una situación determinada, alguien en el cuarto orden comienza a construir sentido desde el tercero, la evaluación se hará desde el cuarto. Puede ser que esto implique un sentimiento de "desagrado" o de no identificación con su forma de vivir esa situación. En este caso no creo que se necesite realizar una transición en sentido estricto, sino hacer un esfuerzo por objetivar cuáles son esos factores que están descolocados.
Ser consciente de que estás en un orden de conciencia supone identificarte con su descripción. Eso es, para mí, muy trascendente a la hora de enfocar la valoración. Ser consciente de que estás en una fase "regresiva" también dice mucho de qué orden de conciencia "valora" la situación.
Puede que sea un poco radical en esto, pero creo que no hay estímulos positivos ni negativos, que no hay fuentes de alegrías ni de desgracias, sino maneras de generar significado que llevan a vivir de forma diferente los mismos contextos. Si no ¿por qué un embarazo puede ser a la vez fuente de alegría y de angustia?, ¿por qué una boda puede ser un evento alegre (si te casas con tu príncipe azul) o tremendamente triste (si tu príncipe azul se casa con tu mejor amiga)?, ¿por qué dar clase es para alguien una actividad gratificante y para otro, en la misma clase y con los mismos alumnos, un auténtico infierno?.
Con respecto a la duración de las transiciones, según Loevinger nunca más de un nivel por semestre (sus niveles describen a veces puntos de transición de Kegan). Yo en esto me acuerdo de Bateson cuando decía que existe una relación dialógica entre estructura y función, de tal modo que una modificación en los requerimientos del medio que supongan modificaciones de la función llevan a cambios de estructura. En otras palabras: "a la fuerza ahorcan".

jueves, 7 de junio de 2012

Empatías peligrosas

 La capacidad de empatizar, de ponerse en el lugar de otra persona, de identificarse de forma cognitiva y afectiva con el estado de ánimo de otro surge, según el modelo de Kegan , con el tercer orden de conciencia. Dejar atrás la adolescencia y entra en la edad adulta supone ser capaz de integrarse en el grupo no sólo físicamente sino también mentalmente. Esto significa que se es capaz e mantener simultáneamente dos puntos de vista a la vez y de construir la realidad en función de la opinión del grupo. El sujeto vive en sus relaciones, "es" sus relaciones, de tal modo que siempre existe un "otro" real o imaginario que guía la evaluación, corrección y autorización de todo lo que el sujeto hace en sus planos cognitivo, intrapersonal e interpersonal. Por ejemplo, un adolescente no dejaría una tarea sin acabar por miedo a que sus padres le dejen el fin de semana sin salir. Este mismo sujeto, una vez dejada atrás la adolescencia, no dejaría una tarea sin acabar para evitar generar una opinión negativa de sus compañeros o jefes si es el plano laboral o de sus familiares y amigos si esto sucede en el plano personal. Pero ¿qué sucede cuando las tareas que se esperan en cada plano son incompatibles entre sí?, por ejemplo terminar un trabajo urgente un viernes por la tarde e ir a ver el partido de fútbol de un hijo el mismo día a la misma hora. El esforzado padre y trabajador se verá en la tesitura de elegir entre ambas opciones y , desde el tercer orden, sufrirá haga lo que haga por defraudar la confianza que unos y otros pusieron en él.
En la atención al paciente, empatizar desde el tercer orden de conciencia significa identificarse, poner el "sujeto" en medio de la relación, ser la propia relación, lo que supone un riesgo elevado de generar tensión a partir de esta relación si las decisiones que debe tomar el individuo son, en algún momento, incompatibles con las opiniones de todos los actores. Desde el tercer orden, y fruto de esa implicación en la relación, el individuo se sentirá juzgado en el plano profesional y personal. La exposición permanente a este juicio podría llevar al trabajador a alejarse de esta implicación que él considera el origen de su estrés laboral, iniciando un camino que podría acabar con el profesional inmerso en un síndrome de burnout.