lunes, 24 de octubre de 2011

No te pinto el pelo porque no cabe en el papel

Las cosas llegan y a veces se quedan. Desde la jornada que, a propósito del estreno de la película de Nora Bateson, organizó la Universidad de Alcalá hay varias ideas que me dan vueltas y que, poco a poco, voy saboreando. Después de todo un día de reflexión sobre la obra de Bateson, llegué a casa con la alarma roja de "exceso de información importante" encendida. Es esa sensación que te queda después de ponerte delante de la "Piedad" o de escuchar, aunque sea por enésima vez, "Hey Jude". Me sorprende la sencillez, lo inmediato de los conceptos, y a la vez su trascendencia, su transversalidad. Son ideas de "fondo de armario", útiles para cualquier situación o disciplina a la que te enfrentes, ideas que te puedes llevar puestas y no desentonan nunca. Quizás sea la carga de profundidad que lleva esta mezcla de sencillez y de permanencia las que las haga tan atractivas, tanto que me resisto a desprenderme de ellas aunque sea un instante y me divierto enfocando la realidad con ellas como si fuesen una lente a través de la que la vida resulta mas sencilla.
Gregory Bateson, en "Pasos hacia una ecología de la mente" dialoga con su hija acerca de por qué se revuelven las cosas. En este metalogo, ambos exploran el concepto de "ordenado" y "revuelto" y acaban concluyendo que  hay más sitios en los que las cosas están desordenadas que sitios en los que están colocadas. Es decir, para mí, mis libros están ordenados solamente si están en un lugar concreto de la estantería. Mas aún, cada libro tiene su lugar específico y un cambio de orden entre ellos supone que me cueste más encontrarlos, llegando incluso a molestarme si de un vistazo no localizo el libro que busco en el lugar en el que lo dejé que, por supuesto, es el suyo. Establecer un lugar tan concreto en el que las cosas están ordenadas y dejar el resto del espacio infinito como el lugar de las cosas revueltas supone que, por pura probabilidad, mis libros estén la mayor parte del tiempo desordenados. Y como mis libros puede estar mi armario, la cocina o incluso mis ideas. Hay que añadir un nuevo factor a este concepto del orden, y es que mi orden solo es mio, es decir, que existen tantos "órdenes" como personas hay en el mundo, de tal modo que la cosa se complica bastante. Porque, del mismo modo que hablamos de espacio, podemos hablar de tiempo y especular sobre cuál es "el momento" de hacer algo. Si es ese mi momento o si existen tanto momentos ideales como personas o , si por el contrario, hay factores objetivos que señalen el tiempo en el que hay que realizar alguna actividad. Si esto es así deberíamos saber cómo descubrirlos, cómo generalizarlos y cómo utlizarlos, lo que en principio ya abre otra puerta.
Hija -     Papá, ¿por qué se revuelven mis cosas"
Padre -  porque  hay más maneras que tu llamas "revueltas" que las que llamas "ordenadas".

miércoles, 5 de octubre de 2011

Heart-shaped box

La confusión durante las transiciones es buena, o mejor, es útil. Por lo menos eso es lo que dice John McWirther. Transitamos, nos desplazamos desde un estado de estabilidad en el que nuestros conocimientos y nuestros patrones nos ayudan a generar la respuesta esperada ante los requerimientos que se producen en los contextos en los que estamos inmersos, hasta otro estado de estabilidad en el que aplicamos nuevos patrones en nuevos contextos. Y entre un estado de estabilidad y otro se produce la transición. Nuestros patrones, nuestras formas habituales de responder ante los requerimientos que se generan en nuestras vidas dejan de estar ajustados. Algo ha cambiado. Ha sonado la alarma y es momento de meter lo imprescindible en la mochila y comenzar un camino. Abrir la puerta de casa, salir a la calle respirar profundamente y ...¿y ahora qué?. ¿Dónde debo ir?, ¿y cómo?, ¿a quién le pregunto?, ¿dejo algo útil olvidado en casa?. Una de las opciones posibles es dar media vuelta y regresar a tu estado original con la esperanza de que todo vuelva a estar tan ajustado como antes. Lamentablemente los cambios que te empujaron a iniciar el viaje no se han evaporado y negarlos, probablemente solo provoque retrasar lo inevitable. Probablemente tampoco sea la decisión que genere más felicidad.
Si consigues vencer esta primera prueba te verás a tí mismo esperando una señal, una voz que te señale la dirección en la que dar el primer paso hacia un nuevo estado.Es el momento en el que, con paso  decidido dobla la esquina una figura que te acompañará durante gran parte del camino: la Sra Confusión. La confusión señala aspectos que no están bien ajustados, que necesitas pulir. Sentirse confuso es detenerse y pensar. Guardar silencio unos minutos y sentir un poco de vértigo. Buscar el mapa en la mochila con cierta prisa y revisar el lugar de partida, el camino recorrido y el sitio en el que se sitúa el objetivo. Al final estar confuso te invita a explorar, a explorarte, a identificar huecos, espacios en blanco y a probar distintas soluciones.
Te redirige hacia el camino correcto. La confusión no es la estrella polar, porque la estrella polar está muy lejos. La confusión no es una brújula, pero tampoco es una bruja. La Sra Confusión se acerca despacio y te invita una y otra vez a mirarte a tí mismo. Ese es el camino correcto. Porque de uno mismo salen las preguntas y los patrones adaptados, y del propio sujeto surge la necesidad de iniciar una transición, de comenzar una nuevo viaje hacia otro lugar mejor.
Si aparece la confusión ¡a explorar!.