La confusión durante las transiciones es buena, o mejor, es útil. Por lo menos eso es lo que dice John McWirther. Transitamos, nos desplazamos desde un estado de estabilidad en el que nuestros conocimientos y nuestros patrones nos ayudan a generar la respuesta esperada ante los requerimientos que se producen en los contextos en los que estamos inmersos, hasta otro estado de estabilidad en el que aplicamos nuevos patrones en nuevos contextos. Y entre un estado de estabilidad y otro se produce la transición. Nuestros patrones, nuestras formas habituales de responder ante los requerimientos que se generan en nuestras vidas dejan de estar ajustados. Algo ha cambiado. Ha sonado la alarma y es momento de meter lo imprescindible en la mochila y comenzar un camino. Abrir la puerta de casa, salir a la calle respirar profundamente y ...¿y ahora qué?. ¿Dónde debo ir?, ¿y cómo?, ¿a quién le pregunto?, ¿dejo algo útil olvidado en casa?. Una de las opciones posibles es dar media vuelta y regresar a tu estado original con la esperanza de que todo vuelva a estar tan ajustado como antes. Lamentablemente los cambios que te empujaron a iniciar el viaje no se han evaporado y negarlos, probablemente solo provoque retrasar lo inevitable. Probablemente tampoco sea la decisión que genere más felicidad.
Si consigues vencer esta primera prueba te verás a tí mismo esperando una señal, una voz que te señale la dirección en la que dar el primer paso hacia un nuevo estado.Es el momento en el que, con paso decidido dobla la esquina una figura que te acompañará durante gran parte del camino: la Sra Confusión. La confusión señala aspectos que no están bien ajustados, que necesitas pulir. Sentirse confuso es detenerse y pensar. Guardar silencio unos minutos y sentir un poco de vértigo. Buscar el mapa en la mochila con cierta prisa y revisar el lugar de partida, el camino recorrido y el sitio en el que se sitúa el objetivo. Al final estar confuso te invita a explorar, a explorarte, a identificar huecos, espacios en blanco y a probar distintas soluciones.
Te redirige hacia el camino correcto. La confusión no es la estrella polar, porque la estrella polar está muy lejos. La confusión no es una brújula, pero tampoco es una bruja. La Sra Confusión se acerca despacio y te invita una y otra vez a mirarte a tí mismo. Ese es el camino correcto. Porque de uno mismo salen las preguntas y los patrones adaptados, y del propio sujeto surge la necesidad de iniciar una transición, de comenzar una nuevo viaje hacia otro lugar mejor.
Si aparece la confusión ¡a explorar!.

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