Gloria envía preguntas con pólvora:
¿Y si uno se da cuenta de que, ilusoriamente, se había creído situado en un orden que no era...? ¿Caben aquí los retrocesos? ¿Cuánto duran las transiciones?
Gracias por poner la atención en cómo a veces tendemos a alejarnos de estímulos que erróneamente identificamos como la fuente de nuestras desgracias :)
...y ahora el intento de respuesta:
Señalas una de los puntos que más me atraen de la teoría de Kegan, aunque hay que analizar algunas cosas por separado.
1. Pasar de un orden de conciencia al siguiente no es algo que se haga "en bloque". Cada dominio transita a un ritmo en función del contexto. Por ejemplo, una persona que vive en pareja vivirá un contexto que le permitirá reflexionar sobre su relación, objetivando aspectos de su manera de construir significado que de otra manera no estarían tan presentes. Es posible que desde el punto de vista cognitivo se pueda alcanzar el cuarto orden y que a la vez se muestren en el dominio interpersonal,o en el intrapersonal, características propias del tercero (seguramente en transición hacia el cuarto)
2. Estoy convencido de que existen las regresiones ante situaciones que nos superan (que nos desbordan). Dice Kegan que a pesar de que esto suceda la evaluación de la situación siempre se realiza desde el mayor orden de conciencia. Creo que esto quiere decir que, si en una situación determinada, alguien en el cuarto orden comienza a construir sentido desde el tercero, la evaluación se hará desde el cuarto. Puede ser que esto implique un sentimiento de "desagrado" o de no identificación con su forma de vivir esa situación. En este caso no creo que se necesite realizar una transición en sentido estricto, sino hacer un esfuerzo por objetivar cuáles son esos factores que están descolocados.
Ser consciente de que estás en un orden de conciencia supone identificarte con su descripción. Eso es, para mí, muy trascendente a la hora de enfocar la valoración. Ser consciente de que estás en una fase "regresiva" también dice mucho de qué orden de conciencia "valora" la situación.
Puede que sea un poco radical en esto, pero creo que no hay estímulos positivos ni negativos, que no hay fuentes de alegrías ni de desgracias, sino maneras de generar significado que llevan a vivir de forma diferente los mismos contextos. Si no ¿por qué un embarazo puede ser a la vez fuente de alegría y de angustia?, ¿por qué una boda puede ser un evento alegre (si te casas con tu príncipe azul) o tremendamente triste (si tu príncipe azul se casa con tu mejor amiga)?, ¿por qué dar clase es para alguien una actividad gratificante y para otro, en la misma clase y con los mismos alumnos, un auténtico infierno?.
Con respecto a la duración de las transiciones, según Loevinger nunca más de un nivel por semestre (sus niveles describen a veces puntos de transición de Kegan). Yo en esto me acuerdo de Bateson cuando decía que existe una relación dialógica entre estructura y función, de tal modo que una modificación en los requerimientos del medio que supongan modificaciones de la función llevan a cambios de estructura. En otras palabras: "a la fuerza ahorcan".
martes, 12 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Empatías peligrosas
La capacidad de empatizar, de ponerse en el lugar de otra persona, de identificarse de forma cognitiva y afectiva con el estado de ánimo de otro surge, según el modelo de Kegan , con el tercer orden de conciencia. Dejar atrás la adolescencia y entra en la edad adulta supone ser capaz de integrarse en el grupo no sólo físicamente sino también mentalmente. Esto significa que se es capaz e mantener simultáneamente dos puntos de vista a la vez y de construir la realidad en función de la opinión del grupo. El sujeto vive en sus relaciones, "es" sus relaciones, de tal modo que siempre existe un "otro" real o imaginario que guía la evaluación, corrección y autorización de todo lo que el sujeto hace en sus planos cognitivo, intrapersonal e interpersonal. Por ejemplo, un adolescente no dejaría una tarea sin acabar por miedo a que sus padres le dejen el fin de semana sin salir. Este mismo sujeto, una vez dejada atrás la adolescencia, no dejaría una tarea sin acabar para evitar generar una opinión negativa de sus compañeros o jefes si es el plano laboral o de sus familiares y amigos si esto sucede en el plano personal. Pero ¿qué sucede cuando las tareas que se esperan en cada plano son incompatibles entre sí?, por ejemplo terminar un trabajo urgente un viernes por la tarde e ir a ver el partido de fútbol de un hijo el mismo día a la misma hora. El esforzado padre y trabajador se verá en la tesitura de elegir entre ambas opciones y , desde el tercer orden, sufrirá haga lo que haga por defraudar la confianza que unos y otros pusieron en él.
En la atención al paciente, empatizar desde el tercer orden de conciencia significa identificarse, poner el "sujeto" en medio de la relación, ser la propia relación, lo que supone un riesgo elevado de generar tensión a partir de esta relación si las decisiones que debe tomar el individuo son, en algún momento, incompatibles con las opiniones de todos los actores. Desde el tercer orden, y fruto de esa implicación en la relación, el individuo se sentirá juzgado en el plano profesional y personal. La exposición permanente a este juicio podría llevar al trabajador a alejarse de esta implicación que él considera el origen de su estrés laboral, iniciando un camino que podría acabar con el profesional inmerso en un síndrome de burnout.
domingo, 18 de marzo de 2012
Sesgos
Cuando se plantea un estudio aparece indefectiblemente el asunto de los sesgos. Parece que hagas lo que hagas, en algún momento te acabarás llevando por delante alguno de los pilares básicos sobre los que se sostiene la ciencia. Una vez atropellados estos principios todo el estudio quedará, por este orden, cuestionado, contaminado y por último invalidado. Me resulta curioso cómo estas normas pueden encorsetar el camino que la propia ciencia quiere recorrer.
Al final, o mejor, en resumen, esta minuciosa descripción de las "cosas que no se deben hacer" permite que el recorrido que lleva a descubrir algo o a ampliar sus límites conocidos sea prácticamente un clon del camino que ya han recorrido otros investigadores. Los estudios pulcramente diseñados y metodológicamente intachables consiguen aislar una porción del mundo, meter la realidad en un tubo de ensayo y observarla con cuidado modificando con extrema precaución cada variable. Los datos obtenidos son maravillosos para incluirlos en una tabla de excell, pero no se dejan manipular y difícilmente se pueden trasladar al mundo real sin llenar esta transferencia de condicionantes. Los estudios con fármacos son un buen ejemplo; conseguimos una muestra de señores de 1.70 m de altura, sin antecedentes patológicos y residentes en Burgos y les administramos exactamente a las 8 de la mañana 5 mg del fármaco A. Les damos lo mismo de comer y les permitimos un ejercicio cama-sillón durante 24 h. Extraemos sangre cada cinco minutos y además evaluamos parámetros relacionados con la seguridad y la eficacia. Una vez que el fármaco se comercializa las personas que lo toman ya no miden 1.70 m, posiblemente tengan una o varias enfermedades y con completa seguridad, en su mayoría , no residirán en Burgos. Las autoridades reguladoras exigen a los laboratorios estudios post-autorización que aseguren que los datos obtenidos en la fase previa a la salida al mercado se corresponden con los datos de la población "real", y esto no siempre sucede.
Me acabaré convenciendo de que el trabajo que quiero hacer exige un verdadero cambio de marco conceptual.
Al final, o mejor, en resumen, esta minuciosa descripción de las "cosas que no se deben hacer" permite que el recorrido que lleva a descubrir algo o a ampliar sus límites conocidos sea prácticamente un clon del camino que ya han recorrido otros investigadores. Los estudios pulcramente diseñados y metodológicamente intachables consiguen aislar una porción del mundo, meter la realidad en un tubo de ensayo y observarla con cuidado modificando con extrema precaución cada variable. Los datos obtenidos son maravillosos para incluirlos en una tabla de excell, pero no se dejan manipular y difícilmente se pueden trasladar al mundo real sin llenar esta transferencia de condicionantes. Los estudios con fármacos son un buen ejemplo; conseguimos una muestra de señores de 1.70 m de altura, sin antecedentes patológicos y residentes en Burgos y les administramos exactamente a las 8 de la mañana 5 mg del fármaco A. Les damos lo mismo de comer y les permitimos un ejercicio cama-sillón durante 24 h. Extraemos sangre cada cinco minutos y además evaluamos parámetros relacionados con la seguridad y la eficacia. Una vez que el fármaco se comercializa las personas que lo toman ya no miden 1.70 m, posiblemente tengan una o varias enfermedades y con completa seguridad, en su mayoría , no residirán en Burgos. Las autoridades reguladoras exigen a los laboratorios estudios post-autorización que aseguren que los datos obtenidos en la fase previa a la salida al mercado se corresponden con los datos de la población "real", y esto no siempre sucede. Me acabaré convenciendo de que el trabajo que quiero hacer exige un verdadero cambio de marco conceptual.
viernes, 17 de febrero de 2012
Un tren sale de Salamanca a las 11 h
A veces los pensamientos aparentemente más simples resultan ser los más poderosos a la hora de hacernos cambiar de perspectiva. Un ejemplo: "saber bien cómo hacer una cosa" y "hacer una cosa bien" no son lo mismo. Confundir o mezclar ambas afirmaciones es una tentación de la que hay que liberarse a pesar de las presiones sociales. En la mayor parte de los contextos sociales es el resultado de una actividad lo que se valora, de tal modo que un final exitoso o estéticamente atractivo implica inmediatamente la asunción de maestría por parte del que lo ha ejecutado. Esto, si no fuera porque es rotundamente falso, no resultaría negativo ni para el que realiza la actividad, ni para el resultado, ni siquiera para el que lo valora. Si le damos la vuelta al argumento podemos ver claramente por dónde hace aguas. ¿Qué pasa cuando hacemos la misma actividad y el resultado no es el esperado?, ¿debemos aceptar entonces que no sabemos o que sabemos menos que antes?. Atender a los resultados visibles para evaluar un conocimiento nos obliga a cambiar tan rápido de opinión como cambien los propios resultados. Para que esto no suceda podemos imponer un número de repeticiones tras el que podamos afirmar con más tranquilidad que el aprendizaje está asentado. Pero ¿cuál es este número?, ¿diez repeticiones, cien , mil? y además después de esta prueba si obtenemos un resultado desfavorable ¿cuántas repeticiones con malos resultados debemos obtener para poder afirmar que alguien ha dejado de saber hacer algo, que lo ha olvidado o que lo ha desaprendido?.
El número de variables que intervienen en una actividad es muy elevado, lo que hace que adjudicar el resultado de la misma al conocimiento del que la ejecuta resulte una afirmación errónea. Parece que, cuando se utilizan estos criterios, el peor de los escenarios es aquel en el que el ejecutor de la acción y el que la evalúa son la misma persona.
Como clínico colaborador docente (o algo así), al inicio de las prácticas de los alumnos de enfermería en la UCI, convoco una reunión en la que intento contarles algunos detalles sobre funcionamiento de la unidad y trasmitirles algunas ideas para que desarrollen las prácticas con algo de tranquilidad. Curiosamente, de todas las ideas que tratamos en las reuniones, la que más impacto ha tenido ha sido esta. Liberarse de esta forma tan injusta y tan frecuente de juzgar (y de juzgarse ) resulta muy liberador. Curioso...
El número de variables que intervienen en una actividad es muy elevado, lo que hace que adjudicar el resultado de la misma al conocimiento del que la ejecuta resulte una afirmación errónea. Parece que, cuando se utilizan estos criterios, el peor de los escenarios es aquel en el que el ejecutor de la acción y el que la evalúa son la misma persona.
Como clínico colaborador docente (o algo así), al inicio de las prácticas de los alumnos de enfermería en la UCI, convoco una reunión en la que intento contarles algunos detalles sobre funcionamiento de la unidad y trasmitirles algunas ideas para que desarrollen las prácticas con algo de tranquilidad. Curiosamente, de todas las ideas que tratamos en las reuniones, la que más impacto ha tenido ha sido esta. Liberarse de esta forma tan injusta y tan frecuente de juzgar (y de juzgarse ) resulta muy liberador. Curioso...
sábado, 7 de enero de 2012
Me aburro
Desde pequeño he sufrido de tremendos ataques de aburrimiento. Ya en el colegio, las profesoras le decían a mis padres que cuando aprendía a hacer algo rápidamente perdía el interés y, lógicamente, mi rendimiento disminuía a la misma velocidad. Este curioso efecto de "generación de aburrimiento automática" me ha seguido sucediendo a lo largo de mi vida.
Las ratas no se aburren. Exploran y exploran, encontrando una gran satisfacción en cada rincón del laberinto, incluso cuando éste no les trae más que disgustos. Por ejemplo, si llenamos un laberinto de trampas y hacemos que cada vez que pase la rata por ellas reciba una descarga eléctrica, el sufrido animal dejará de recorrer los pasillos y se limitará a los espacios libres de trampas. Incluso podemos aumentar el número de trampas hasta hacer que la rata ya no se mueva de su sitio para evitar el dolor. Lo curioso es que, aunque a priori parezca que la rata ha aprendido a estarse quieta, el efecto que se ha producido es justamente el opuesto. Así al cambiar al animal de laberinto, la conducta de exploración de la rata será mayor que en el laberinto anterior. Este hecho muestra que el roedor ha visto reforzada su conducta exploratoria inicial por las propias trampas. Pero ¿cómo es posible que un estímulo doloroso que ha terminado por obligar al animal a permanecer inmóvil sea capaz de reforzar la conducta que condujo al animal hasta él?. Podemos jugar a imaginar la respuesta que daría la propia rata:
Pregunta: ¿Dígame señora rata, cómo tiene usted valor para recorrer el segundo laberinto sabiendo, como sabe, lo peligrosos que son?
Respuesta: Explorar me ayuda a conocer mi medio. Explorando puedo encontar comida, otra rata o una trampa eléctrica. Cualquiera de esos hallazgos es tremendamente importante para mi supervivencia. En el primer laberinto había una gran cantidad de trampas. Conocerl la ubicación de todas me enseñó a estar quieta para evitar el dolor. Así, mi exploración me llevó a conocer y conocer me ayudó a evitar el dolor, con lo que la exploración fue todo un éxito. Por este motivo, al cambiar a un nuevo laberinto, mi necesidad de explorar había crecido.
Podemos decir sin duda que la rata aprendió. Poseía un comportamiento, una respuesta estereotipada, que modificó tras enfrentarse a un contexto. Según Bateson, nuestra amiga la rata habría alcanzado un nivel de aprendizaje 1. Es curioso que un alumno que memoriza veinte lecciones de historia y las reproduce al pie de la letra el día del examen no alcance este nivel. Para Bateson el nivel 0 es la “recepción de información, sin que se produzca cambio en el receptor. Este nivel incluye todos aquellos casos en que la reacción ante eventos o estímulos externos es invariable y altamente estereotipada.”. Desde esta perspectiva, nuestro amigo el futuro historiador, si los datos que ha memorizado no le han servido para modificar alguno o algunos de sus comportamientos, no ha aprendido absolutamente nada. Posiblemente puede que acabe concluyendo que la “historia es aburrida”.
Cambiar un comportamiento por otro pertenecería a este nivel de aprendizaje. En el vídeo del blog de David “Do the opposite”, el simpático protagonista decide hacer exactamente lo contrario de lo que haría normalmente, con lo que obtiene, lógicamente, resultados diferentes. Sin embargo esta decisión no parece proceder de una transformación de su procesamiento. Sencillamente sustituye una conducta por otra. Para Bateson el aprendizaje pasa por ser capaz de pensar diferente, actuar diferente y relacionarse (quizás comunicar) de forma diferente.
Para luchar contra el aburrimiento no hay nada como hacer cosas diferentes.
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