Dice Robert Kegan en "Desbordados":
Cuando sé que no estoy constituido únicamente por mi experiencia, no hago al otro responsable por mi infelicidad o descontento hacia él o ella, porque acepto que él/ella no creó esa experiencia sino que yo mismo lo hice. Y cuando veo que el otro no se constituye por mi experiencia, tampoco lo hago responsable por no hacerme sentir mejor a raíz de mis descontentos.
1. No estoy constituido únicamente por la experiencia del otro
2. El otro no está constituido únicamente por su propia experiencia
3. No estoy constituido únicamente por mi propia experiencia
4. El otro no está constituido únicamente por mi experiencia
Estas cuatro afirmaciones son los fundamentos conceptuales requeridos para no asumir responsabilidades que no me corresponden y para evitar responsabilizar a otros cuando no corresponde. (...) Son habilidades cruciales para comunicarse efectivamente.
Descubrir que yo no soy ni mis pensamientos, ni mis sentimientos, sino que éstos no son más que objetos que puedo mirar, analizar o apartar si es lo que quiero y que la persona que tengo en frente es una entidad diferente de sus pensamientos, opiniones, emociones o deseos, sino que él o ella son el sujeto y todos estos elementos son objetos que, como tales, son susceptibles de ser observados como tales, abre un universo diferente ante nosotros. Así, expresiones como "el trabajo que acabas de hacer es el peor que has hecho nunca" o "cada vez que recuerdo lo que me dijiste siento una profunda tristeza" adquieren una posición diferente fuera del sujeto que las dice y del sujeto que las recibe. El emisor habla de "un trabajo", que puede ser que sea bueno o malo, pero que desde su punto de vista es de lo peor. El trabajo, o incluso su opinión acerca del mismo, no soy "yo", es un objeto que puedo analizar y extraer conclusiones. El emisor habla también de "palabras" o en este caso de sentimientos como una "profunda tristeza". Podemos diferenciar en este caso al sentimiento como un objeto que no constituye únicamente al emisor y que tampoco lo hace con el receptor, a pesar de que este último fue el que las dijo. Ambos, si son conscientes de esta realidad, pueden comunicarse de forma eficaz ya que estarán hablando de "palabras" y de "sentimientos" como objetos externos a ambos. Podrán analizarlo y extraer conclusiones más o menos significativas sin sentir en ningún caso que son atacados, increpados o juzgados por el otro. Pueden incluso acompañar al otro en su sufrimiento aún siendo los emisores de las palabras que iniciaron toda la conversación.
Tremendo¡¡ la postura del observador, hasta de sí mismo.
ResponderEliminaruna vida sin reflexión, no merece ser vivida (Sócrates)