lunes, 5 de septiembre de 2011

Mr Soul

 "Remitir al sujeto" podría ser la casilla que le falta al dorso de las cartas si quisiéramos que siempre llegasen al destinatario correcto. Imaginemos un sentimiento, por ejemplo la tristeza, por señalar uno de los más básicos. La tristeza puede producirse al ver una escena en una película, trás una conversación, una situación laboral, en medio de un atasco o en el sillón de tu casa sin estímulo externo. Puede nacer coincidiendo con cualquiera de estas situaciones y puede quedarse unos minutos, días , semanas o incluso, en los casos más dolorosos, años. Pero a pesar de las apariencias, la tristeza no nace fuera del sujeto, es decir, no la producen ni películas, ni conversaciones, ni atascos, ni tan siquiera sillones. La tristeza nace en el sujeto. Y es que todo sentimiento es el producto de un proceso mental que a su vez está asentado en una estructura. Podemos quedarnos en la superficie del evento y responsabilizar de nuestra tristeza al director de la película o al despotismo de nuestro jefe, pero esto sería francamente "irresponsable", o lo que es lo mismo, dejaría de lado nuestra responsabilidad sobre nuestro sentimiento. Esto nos dejaría desnudos ante el destino, desvalidos ante las adversidades de la vida, nos convertiría inmediatamente en eternos "pacientes", desdichadas víctimas de todo aquel que quisiera herirnos. Por salud y , casi antes, por higiene, deberíamos evitar esta desnudez remitiendo el sentimiento a aquel que lo generó, es decir al sujeto. El primer paso sería identificar el propio sentimiento, separando en nuestro análisis otros sentimientos que se puedan estar produciendo a la vez. Por seguir con el ejemplo, junto a  la tristeza suelen viajar otros sentimientos como el miedo o la ira, que, aunque aparezcan juntos, se habrán generado desde procesos diferentes. Una vez identificado el sentimiento, que sería el producto de un proceso, el siguiente paso sería identificar el propio proceso viajando hacia atrás hasta el lugar del que partió, lugar en el que, sin ninguna duda al tratarse de un sentimiento que genera sufrimiento, encontraremos un conflicto sin resolver. Lo que hagamos con el conflicto ya depende de los deseos de cada uno aunque, al objetivarlo, al hacerlo consciente, habremos logrado nada menos que separarlo del sujeto, convertirlo en una cosa que se puede manipular, estudiar y eliminar si es esto lo que deseamos.
Desde esta perspectiva no caben "cuánto daño me han hecho tus palabras" ni " su actitud es capaz de desesperarme". No nos podemos permitir el lujo de pensar siquiera "qué feliz me haces" o "me siento muy seguro contigo". Todo lo que sentimos es fruto de procesos personales que activamos de forma consciente o inconsciente pero que podemos objetivar con más o menos esfuerzo. Abandonar este pensamiento que puede parecer romántico o incluso mágico en el que otra persona es capaz de generar sentimientos en uno mismo no le resta belleza a la realidad sino que la llena de nuevas perspectivas que nacen cada día del autoanálisis. Esto deriva en un desarrollo personal, en un aumento de la complejidad mental que, paradójicamente, simplifica nuestras relaciones.

1 comentario:

  1. A pesar del esfuerzo que he hecho por olvidar todo lo que aprendí...no consigo sacarme de la cabeza la secuencia:
    pensamiento - sentimiento - conducta; que leí en los apuntes de salud mental.

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