La
protesta, casi levantamiento, de los trabajadores de la Sanidad Pública
Madrileña que se inició tras la presentación del Plan de Sostenibilidad del
Gobierno de la Comunidad de Madrid, sigue creciendo día a día a un ritmo
vertiginoso. Los hospitales madrileños movilizados suman ya dieciocho, a los
que se suman SUMMA y algunos centros de salud, aunque es difícil presentar este
dato actualizado ya que la adhesión a la protesta crece casi por minutos. A
pesar de la imperiosa necesidad de continuar sumando apoyos que nos permitan
detener el plan de privatizaciones planteado por la Comunidad de Madrid, creo
que en el momento en el que estamos también es necesario detenerse unos segundos
y reflexionar sobre el fondo del asunto.
Los
profesionales sanitarios, como conocedores del propio Sistema de Salud, somos
conscientes de la transcendencia que tienen las reformas planteadas. La
privatización de la totalidad del sistema público se inició con la cesión de la
gestión del personal no sanitario a empresas concesionarias en los hospitales
nuevos y con la concesión total del Hospital de Valdemoro y de Torrejón a
empresas privadas. Este proceso está en marcha, siendo el siguiente paso la
privatización de los hospitales nuevos y la reconversión del Hospital de la
Princesa y del Carlos III. Esta reconversión es fundamental para permitir a los
hospitales privatizados la derivación de los procesos que resultan más
costosos, como son la atención a usuarios mayores de 70 años o a personas que
precisan periodos prolongados de estancia. Pero este proceso no finaliza aquí.
El camino iniciado solo puede mantener la coherencia si su meta es la
privatización de la globalidad del sistema madrileño de salud.
La
trascendencia de este proceso es de tal magnitud que sus consecuencias no
terminan en los trabajadores. No es un asunto que afecte únicamente a puestos
de trabajo o condiciones laborales, sino que altera de forma definitiva el
modelo de atención sanitaria, convirtiéndolo en algo radicalmente opuesto al
modelo público que define la Ley General
de Sanidad. Hablamos por tanto de un
cambio de modelo sanitario que los ciudadanos no han elegido. Y en este
momento aparece el concepto fundamental que sostiene y que justifica la
movilización de los trabajadores del sistema público, el ciudadano.
La salud del ciudadano es el motivo por el que
trabajamos diariamente. El usuario es el centro de la atención sanitaria. El
ciudadano es, por tanto, el primer afectado por esta reforma. La misión de
los trabajadores de la sanidad pública es continuar al servicio de los
usuarios, lo que incluye en este momento informar al ciudadano del alcance
que las medidas incluidas en el Plan de Sostenibilidad tienen sobre su salud.
El objetivo no se aleja mucho del que tenemos cada día aunque los métodos
varíen. Continuamos velando por la salud de los usuarios, poniéndonos a su servicio
para ofrecer una atención sanitaria pública de calidad, siendo este el único impulso
que mueve nuestras movilizaciones.
Los
trabajadores de la sanidad pública hemos iniciado un movimiento que nace de la
filosofía que define nuestras profesiones, que no es otra que la atención al
usuario. Todos y cada uno de nosotros somos conscientes del impacto que la
privatización del Sistema Sanitario Público puede tener sobre el ciudadano. Es,
desde esta consciencia, desde la que iniciamos este movimiento. Un movimiento
que no sirve a ningún interés más que el que nos mueve diariamente durante
nuestro ejercicio profesional, la salud de los ciudadanos.
Pensar en la salud del ciudadano como objetivo de los trabajadores me lleva a plantear cuáles son entonces los objetivos del Gobierno de la Comunidad de Madrid en esta reforma. La venta de una parte de la Sanidad Madrileña beneficia a las empresas concesionarias, detrás de las que están aseguradoras, sociedades de inversión y bancos. Bancos acreedores y deudores al mismo tiempo de partidos políticos.
Recuerdo ahora aquello que dijo Séneca, "Cui prodest scelus, is fecit (el que se beneficia del crimen, ese lo ha cometido)

Sinceramente, no se me ocurre un ejemplo mayor de coherencia, de responsabilidad y de compromiso con una profesión.
ResponderEliminarLo jodido es que esta, como otras sacrosantas profesiones, dependen de otra que está por encima de ellas. Y no me quiero extender más sobre los políticos.
Estamos asistiendo a la revolución de las clases altas, eso es lo que pasa, y nos ha pillado por sorpresa.
Salud y ánimo con la empresa.