miércoles, 14 de noviembre de 2012

¿Por qué hacemos esto?


La protesta, casi levantamiento, de los trabajadores de la Sanidad Pública Madrileña que se inició tras la presentación del Plan de Sostenibilidad del Gobierno de la Comunidad de Madrid, sigue creciendo día a día a un ritmo vertiginoso. Los hospitales madrileños movilizados suman ya dieciocho, a los que se suman SUMMA y algunos centros de salud, aunque es difícil presentar este dato actualizado ya que la adhesión a la protesta crece casi por minutos. A pesar de la imperiosa necesidad de continuar sumando apoyos que nos permitan detener el plan de privatizaciones planteado por la Comunidad de Madrid, creo que en el momento en el que estamos también es necesario detenerse unos segundos y reflexionar sobre el fondo del asunto.
Los profesionales sanitarios, como conocedores del propio Sistema de Salud, somos conscientes de la transcendencia que tienen las reformas planteadas. La privatización de la totalidad del sistema público se inició con la cesión de la gestión del personal no sanitario a empresas concesionarias en los hospitales nuevos y con la concesión total del Hospital de Valdemoro y de Torrejón a empresas privadas. Este proceso está en marcha, siendo el siguiente paso la privatización de los hospitales nuevos y la reconversión del Hospital de la Princesa y del Carlos III. Esta reconversión es fundamental para permitir a los hospitales privatizados la derivación de los procesos que resultan más costosos, como son la atención a usuarios mayores de 70 años o a personas que precisan periodos prolongados de estancia. Pero este proceso no finaliza aquí. El camino iniciado solo puede mantener la coherencia si su meta es la privatización de la globalidad del sistema madrileño de salud.
La trascendencia de este proceso es de tal magnitud que sus consecuencias no terminan en los trabajadores. No es un asunto que afecte únicamente a puestos de trabajo o condiciones laborales, sino que altera de forma definitiva el modelo de atención sanitaria, convirtiéndolo en algo radicalmente opuesto al modelo público que define  la Ley General de Sanidad.  Hablamos por tanto de un cambio de modelo sanitario que los ciudadanos no han elegido. Y en este momento aparece el concepto fundamental que sostiene y que justifica la movilización de los trabajadores del sistema público, el ciudadano.
 La salud del ciudadano es el motivo por el que trabajamos diariamente. El usuario es el centro de la atención sanitaria. El ciudadano es, por tanto, el primer afectado por esta reforma. La misión de los trabajadores de la sanidad pública es continuar al servicio de los usuarios, lo que incluye en este momento informar al ciudadano del alcance que las medidas incluidas en el Plan de Sostenibilidad tienen sobre su salud. El objetivo no se aleja mucho del que tenemos cada día aunque los métodos varíen. Continuamos velando por la salud de los usuarios, poniéndonos a su servicio para ofrecer una atención sanitaria pública de calidad, siendo este el único impulso que mueve nuestras movilizaciones.
Los trabajadores de la sanidad pública hemos iniciado un movimiento que nace de la filosofía que define nuestras profesiones, que no es otra que la atención al usuario. Todos y cada uno de nosotros somos conscientes del impacto que la privatización del Sistema Sanitario Público puede tener sobre el ciudadano. Es, desde esta consciencia, desde la que iniciamos este movimiento. Un movimiento que no sirve a ningún interés más que el que nos mueve diariamente durante nuestro ejercicio profesional, la salud de los ciudadanos.
Pensar en la salud del ciudadano como objetivo de los trabajadores  me lleva a plantear cuáles son entonces los objetivos del Gobierno de la Comunidad de Madrid en esta reforma. La venta de una parte de la Sanidad Madrileña beneficia a las empresas concesionarias, detrás de las que están aseguradoras, sociedades de inversión y bancos. Bancos acreedores y deudores al mismo tiempo de partidos políticos.
Recuerdo ahora aquello que dijo Séneca, "Cui prodest scelus, is fecit (el que se beneficia del crimen, ese lo ha cometido)

1 comentario:

  1. Sinceramente, no se me ocurre un ejemplo mayor de coherencia, de responsabilidad y de compromiso con una profesión.

    Lo jodido es que esta, como otras sacrosantas profesiones, dependen de otra que está por encima de ellas. Y no me quiero extender más sobre los políticos.

    Estamos asistiendo a la revolución de las clases altas, eso es lo que pasa, y nos ha pillado por sorpresa.

    Salud y ánimo con la empresa.

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